
¿Todo tiene un por qué, una causa, un objetivo, un sentido? ¿Todo se comprende o se comprenderá? ¿Nada es por nada, nada se pierde, nada es en vano?
Es tan bonito, tan consolador, creer que todo un sentido, que así lo he creído durante toda casi toda mi vida. Pero ¿no es otro espejismo?
Las personas religiosas encuentran ese sentido en su concepción religiosa: tienen a su disposición un sistema, una visión, una trama, una justificación, o un misterio acogedor. Su concepción de la vida tiene un sentido, pero prefijado. Lo llaman fe. ¿No es una premisa caprichosa, un subterfugio? Parecen no comprender que otros no le encuentren sentido. Que vean los hilos de los que pende su fe. Casi siempre son marionetas del miedo inasumido.
Tarde o temprano se presentan las confusiones propiciadas por el lenguaje: " no tiene sentido", "si nada tiene sentido, no tiene sentido nada". Puede que no haya un sentido, pero que haya muchos. Que aunque no haya un único sentido preclaro y omnipresente, todo tenga, cada pequeña actuación, un sentido, aunque sea uno bien simple y modesto, y que con eso baste. ¿Por qué todo tendría que encajar en uno mayor? ¿Necesitamos de ese contenedor para ubicar todas y cada una de las cosas que hacemos?