sábado, 19 de diciembre de 2009

Todo es literatura.


Todo es política, dicen unos. Todo es economía, dicen otros. O que todo es energía, o que todo es química. O que todo es Dios. Me dejan insatisfecho todas estss reducciones. Puestos a reducir, optemos por otra más amable: Todo es literatura. Todo es una narración que vamos elaborando juntos, como protagonistas o antagonistas, o meros personajes secundarios. Vivimos una historia que nos cuentan y que nos contamos. Cambiamos el desenlace, modificamos los capítulos anteriores, reescribimos nuestra biografía para explicárnosla mejor o para quedar mejor o para soportarla mejor. Si no lo hacemos nosotros, lo harán otros. 1984/Orwell: la historia reescrita. En la URSS se hizo así. También lo hizo Franco. Casi nadie que tenga poder suficiente para hacerlo, se resiste. Es una tentación: La de que todo parezca algo más favorable, o más ventajoso, más conveniente.
Todo es literatura, aunque a veces de la peor. La biografía personal o la Historia, como ficciones. Las propias religiones como literatura fantástica. Casi todas remitiéndose a un libro fundamental que casi siempre nos quieren hacer leer de un único modo. Pero si hemos ido aprendiendo a ser lectores, no van a poder impedirnos que hagamos nuestra propia lectura.

1 comentario:

Francisco M. Ortega Palomares dijo...

Dice la copla popular:

El libro de la experiencia
a nadie sirve de na.
Tiene al final la sentencia
y nadie llega al final.